Abolicionismo, o cómo destruir el arrogante Imperio del Poder Punitivo
Resumen
El texto aborda el poder punitivo no como una realidad natural u óntica, sino como una invención humana y una ficción jurídica diseñada para cohesionar el orden social mediante la coacción. Inspirado en el pensamiento de Nietzsche y Foucault, se sostiene que el conocimiento y el sistema penal son fabricaciones históricas que, al carecer de un origen sagrado, pueden ser cuestionadas y eventualmente disueltas. El abolicionismo penal surge precisamente como la corriente que busca destronar esta "divinidad" represiva, proponiendo que los conflictos —actualmente etiquetados como delitos bajo una decisión política selectiva— sean devueltos a sus protagonistas originales: la víctima y el victimario.
El planteamiento abolicionista de autores como Hulsman y Mathiesen critica la "expropiación del conflicto" realizada por el Estado y la respuesta estereotipada de la pena, la cual resulta inútil para resolver el drama humano de la discordia. Se argumenta que el delito no tiene una ontología propia, sino que es un producto del sistema que descontextualiza la realidad fáctica para asignar culpas individuales. Frente a la "inflación penal" y la selectividad del sistema, el abolicionismo propone modelos de resolución de conflictos basados en el derecho civil, administrativo o vías informales. En definitiva, esta doctrina no busca el caos, sino la sustitución de controles represivos y violentos por formas de justicia más humanas, horizontales y orientadas a la reparación del tejido social.
Palabras clave
Abolicionismo penal, Poder punitivo, Expropiación del conflicto, Criminalización selectiva, Louk Hulsman